Una breve introducción sobre el equipo que forma Nutrigeia.

LA HUMANA:

Mi nombre es Arantxa. Soy de pueblo, pueblo y desde pequeña he convivido con perros a la vieja usanza (de los que comían sobras y huesos). Estudié la licenciatura en Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid y me licencié en 2011.  Después de varios años ejerciendo la clínica sentí que debía buscar alternativas al enfoque habitual en el tratamiento de muchas patologías.  Ese enfoque en el que se limita a tratar el síntoma sin investigar la causa que lo está provocando.

En 20— cursé la diplomatura europea veterinaria acupuntor con la IVAAS. Esto me aportó una visión más holística de la medicina veterinaria.

Y después llegaron ellas…

LA CANINA:

Se llama Mira. Se cruzó en mi camino una tarde lluviosa de 2016. La recogí en la carretera. No era un buen momento para hacerme cargo de un cachorro, así que contacté con una protectora para que la pusieran en adopción mientras yo la cuidaba. Ya me avisaron que los perros negros son menos “adoptables”, cosa que todavía me cuesta entender. Y después de varios posibles adoptantes que se echaron para atrás sin llegar si quiera a conocerla, sentí que ya no podía dejarla en otras manos. Aquí empezó el proceso, por y para ella nació NUTRIGEIA.
Esos ojitos pelados activaron mi búsqueda de la causa y la solución: LA NUTRICIÓN. Tuvimos una adolescencia complicada así que decidí formarme en educación canina, por ello una de mis principales metas es ayudar a perros con problemas de comportamiento a través de la nutriterapia.

LA FELINA:

Se llama Tizona. Es la más fuerte y luchadora de las tres. Encontrada en la calle con unos 3 meses, paralítica y con un perdigón en su pequeño cuerpo. Superviviente de panleucopenia, una enfermedad causada por un virus, de la que sobreviven menos del 10% de gatitos infectados. Cuando me llamaron de la clínica para darme el fatídico diagnóstico y decirme que era mejor “dormirla”, salí corriendo para traerla a casa. Monté un hospital de campaña. Vigilancia 24 horas. Fueron 4 días angustiosos, pero aquí la tenéis.
Vino a casa para unos días, superamos la panleucopenia, y se quedó en acogida compartida con otros voluntarios de la protectora.
Lo dicho, esta «chica» es toda una luchadora.

Yo misma experimenté los beneficios de una nutrición adecuada hace ya unos años, así que desde 2019 llevo formándome en nutrición, tanto veterinaria como humana, porque nos parecemos en muchas cosas y la medicina humana va por delante. Aplico la nutrición como herramienta terapéutica, porque puede prevenir y tratar enfermedades, así como evitar o retrasar la aparición de las complicaciones asociadas a patologías algunas patologías.
Ellas son mi equipo, para ellas quiero lo mejor, y lo mejor es alimentarlas con comida real adaptada a su biología de especie.

¡ Un placer presentarnos ¡